en estudio, tal como se muestra en la Tabla 2, donde se aprecia en mayor porcentaje que, los
investigadores afirman que, los estudiantes y docentes se muestran satisfechos, ven como
una alternativa metodológica adecuada, aceptable, como estrategia válida, esencial al cumplir
con los objetivos trazados, con facilidad en su uso, resaltando las ventajas, el
aprovechamiento y el efecto altamente positivo de los entornos virtuales en el seguimiento,
evaluación y coevaluación del aprendizaje, alcanzando niveles de desempeño con logro
destacado, elevando la calidad de la enseñanza universitaria; recalcando De Mendoza y
Nájera (2017), en su investigación que, los entornos virtuales para la evaluación del
aprendizaje(EVEA), son efectivos siempre y cuando se utilicen de manera correcta,
permitiendo la adquisición de competencias digitales y el desarrollo de la autonomía;
asegurando en su estudio Lucena(2016), que las tics en la evaluación han sido muy
significativos ya que ha podido constatar un aumento de la participación del estudiante
y un alto porcentaje de superación de la materia. En un porcentaje menor se evidencia
que la gran difusión de enseñanza - aprendizaje y evaluación en línea, merece que docentes
estén bien capacitados en entornos virtuales y comprendan las ventajas en su uso, ya que
existe escaso uso de las tics, existiendo vacíos de cómo implementar procesos de evaluación
que favorezcan el aprendizaje apoyado en entornos virtuales, estableciendo la necesidad de
reconstrucción para reformarlo, coincidiendo con lo encontrado en la investigación De
Mendoza y Nájera (2017), quienes afirman que el deficiente uso de los entornos virtuales
para la evaluación del aprendizaje(EVEA), por parte de los docentes limita las prácticas
evaluativas tanto para ellos como para los alumnos, ocasionando poca explotación de los
recursos disponibles; por lo tanto, es difícil establecer la eficacia de la evaluación virtual, ya
que en algunos casos los entornos virtuales son únicamente usados para mostrar el material
utilizado en clase y enviar tareas; y por ende, la evaluación del aprendizaje en entornos
virtuales no necesariamente demuestran un aprendizaje significativo; asegurando Romero-
Martín, Castejón-Oliva, López-Pastor & Fraile-Aranda (2017), que en su investigación
percibió una gran desigualdad en los niveles de alfabetización digital del alumnado, por lo
que sería conveniente una mayor inversión de trabajo y ajustes en el desarrollo de
competencias digitales. Así mismo; en un porcentaje menor, se indica que, la evaluación en
línea del aprendizaje no solo debe estar orientada a una certificación final del aprendizaje,
sino que debe ser también estratégicamente formativo, siendo un sistema ventajoso y eficaz
de seguimiento del trabajo realizado, teniendo como eje motor la retroalimentación, el
aprendizaje colaborativo y democrático, el desarrollo de nuevas competencias como la
autorreflexión en busca de mejora y comprensión del proceso de aprendizaje, coincidiendo
con lo hallado en la investigación de Hortigüela, Pérez-Pueyo & López-Pastor (2015),
quienes afirman que la evaluación formativa y compartida es fundamental, ya que permite
dar feeedback constante entre alumnos y profesor, y entre los propios estudiantes,
repercutiendo, todo ello, en una mayor consciencia sobre lo que se aprende y en el aumento
de garantías para mejorar la calidad de las tareas. En un porcentaje mucho menor, se
manifiesta que, las tics en la evaluación del proceso de enseñanza y aprendizaje conllevan a
modelos pedagógicos integrales que deberán estar presididos por la necesaria reflexión y por
la suficiente fundamentación conceptual, coincidiendo con la investigación de García,
Farfán, Fuertes & Montellanos (2021), quienes afirman que es fundamental la reflexión del
docente sobre su rol formador y como agente de cambio; el cual tiene la posibilidad de
adecuar y adaptar de forma continua todos los procesos de evaluación según el contexto,
necesidades e intereses del estudiante desplegando en su actuar, los principios de un
aprendizaje por competencias. En igual porcentaje que el anterior, se refleja que, existe
desconfianza tanto hacia los factores humanos como hacia los relacionados con la tecnología,
siendo esta investigación contradecida por García (2015), quien afirma que la apuesta por la